El joven yacía tendido boca abajo en la cama. La habitación
era parca, pero atractiva. La colcha era fina, de un rojo brillante. El sol
iluminaba el desnudo piso de madera. Contra la pared, al lado de la puerta,
había un bastón de palo de rosa. Tenía un corazón garabateado en el arco del
mango redondo. El hombre, que no llevaba puesta la camisa, sentía la hebilla
del cinturón presionando su abdomen. La desabrochó. La mujer le apretó los
hombros con las palmas.